Francisco V. Figueroa
Toda la responsabilidad por lo que ahora sucede en el país, dicen, es responsabilidad de los neoliberales. A esa conclusión llegaron hace tiempo los gobiernos impulsados por el grupo disidente formado al interior del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que ahora se autodenominan progresistas, que se han agrupado en diferentes fracciones políticas hasta llegar al dar forma a lo que llaman Cuarta Transformación y que prometieron corregir todo lo malo que los anteriores gobiernos provocaron.
Lo cierto es que la situación económica, política y social en nuestro país no ha cambiado para beneficio de los millones de pobres. Después de siete años de supuesto combate frontal al neoliberalismo, lo que hoy vivimos, no se diferencia de lo que se padecía bajo esos gobiernos.
El neoliberalismo aceleró la decadencia del capital. Modificó las leyes laborales y adecuó la constitución para permitir un incremento en la ganancia de los grandes capitalistas internacionales y algunos del país, intensificando la explotación de los trabajadores y de los recursos naturales. Con la implementación de este conjunto de medidas disminuyó los derechos conquistados por la clase trabajadora para privilegiar a los señores del dinero.
La intensificación de la explotación de los trabajadores, obligaba a una respuesta inmediata, lógica, emanada del grado superior de sufrimiento por parte de las masas empobrecidas y que ponía en riesgo la existencia del capitalismo pues, podía desembocar en una rebelión abierta, sustentada en el descontento, en el hartazgo social.

Algunos sectores de las clases acomodadas -los liberales-, identificaron este peligro y decidieron modificar el rumbo, lo que necesariamente provocó un conflicto con algunos elementos de su misma clase, pero que, contrariamente al reconocimiento del peligro en puerta, se mantuvieron firmes sosteniendo e impulsando nuevas reformas neoliberales. Es decir, se trata de un problema generado en el seno de la clase dominante que surge, ante todo, de la preocupación por mantener vigente el sistema de explotación.
Por tanto, el problema de los liberales con los neoliberales, no modifica en el fondo, la pobreza ni sus males provocados, pues unos y otros no consideran como uno de sus objetivos, la eliminación de las clases sociales ni la disolución de la propiedad privada de los medios de producción. Mientras estos permanezcan intactos, no hay peligro, hay garantía de continuidad; en eso consiste la verdadera lucha de los liberales progresistas.
Hay quienes han hecho de la lucha contra el neoliberalismo su bandera y, con ello, han ocultado sus verdaderos intereses. No siempre el enemigo de mi enemigo es mi amigo. A veces, nuestros adversarios están divididos en dos fracciones y eso nos confunde, nos lleva a una interpretación incorrecta de nuestra realidad y nos lleva a tomar decisiones erróneas.
Los sectores progresistas oficiales, aquellos de la rebeldía domesticada, al hacer suya la consigna de la lucha contra el neoliberalismo, adoptaron una tendencia de moda, que, como todas las modas, sólo es pasajera. Algunas cosas se modificarán, pero en el fondo, sabemos que unos y otros tienen el mismo propósito.

Sin embargo, de esta manera llegaron al poder en México y en muchos de los estados y municipios, grupos declarados enemigos de los neoliberales y que, en una permanente guerra intestina en sus partidos, tratan de hacerse del poder para gozar de las ganancias económicas y los privilegios políticos.
Las consecuencias de las disputas por el poder entre los diferentes grupos internos en los partidos políticos de corte tradicional, de los viejos y los nuevos, modernas tribus que migran a otros terrenos en busca de cotos de caza o nuevas encomiendas, las paga el pueblo. No es un fenómeno novedoso, así como tampoco lo es aquel que intenta obtener posiciones políticas y económicas, personales o de secta, a nombre de los humildes.
Por ejemplo, en la zona alta del municipio de Ixtapaluca, Más de 30 mil familias viven bajo la crisis permanente del agua potable, la reciben a cuentagotas, sólo algunos días a la semana, sin embargo, tienen que pagarla como si la tuvieran disponible los 365 días de la semana.
Lo cuestionable es que, en ese municipio, de acuerdo con estudios especializados, si hay reservas suficientes de agua potable y, además, también cuentan con recursos económicos destinados por los gobiernos federal y estatal para la implementación del Plan Integral para la Zona Oriente del Estado de México, dirigido a resolver uno de los problemas más complejos en esta y otras localidades.

Sin embargo, las decisiones políticas del presidente municipal, Felipe Arvizu de la Luz, sustentadas en la no coincidencia de estas colonias con su proyecto de gobierno ni con su gestión marcada por el nepotismo, determinaron que localidades como “Rey Itzcóatl”, no fueran consideradas para recibir los beneficios de ese plan.
No hay forma de negarlo; la negativa irracional del presidente municipal a recibir y dialogar a los representantes de estas colonias, sólo es una pequeña prueba de que el munícipe y el grupo político al que pertenece, intentan castigar el espíritu crítico y la combatividad de una de las colonias nacidas para ofrecer una alternativa de vivienda a miles de familias trabajadoras, carentes de todo patrimonio.
Una situación similar se presenta en Chimalhuacán. La posición que asume la presidenta municipal, Xóchitl Flores Jiménez, demuestra que la falta de atención de los munícipes, responsables inmediatos de los gobiernos, su negativa al diálogo y a la solución de los problemas de las colonias populares organizadas en el Movimiento Antorchista y de otras más, no es una casualidad sino una consigna, una determinación política que incluye también la postura asumida por el gobierno del Estado de México.
En Texcoco no se ha resuelto el problema del drenaje de la colonia Fray Servando Teresa de Mier que ya cumple 18 años, ni las inundaciones por aguas negras que sufre la colonia Víctor Puebla y eso, a pesar de contar con un gobierno progresista y antineoliberal.
Problemas parecidos se presentan en las colonias populares de los municipios de, Nicolás Romero, Naucalpan, Huixquilucan, Villa del Carbón y Ecatepec, bajo gobiernos del mismo corte.
El revolucionario chino Mao Tsé Tung, impulsor de la revolución que terminó con siglos de miseria y opresión y que ofreció a los humildes la posibilidad de una vida digna, recomendó al gobierno de coalición: “… partir en cada caso de los intereses del pueblo y no de los intereses de ningún individuo o pequeño grupo, …”.
Es evidente que los llamados gobiernos antineoliberales o liberales, progresistas o “La Esperanza de México”, están muy lejos de coincidir con la recomendación de este revolucionario. La muestra más evidente es su negativa al diálogo que permita resolver las carencias de miles de ciudadanos.
El pueblo consciente no es indiferente a su realidad, no se dejará confundir fácilmente por oníricos discursos; sufre cotidianamente una realidad que le obliga a actuar de inmediato. Por tanto, ante la indolencia que muestra el actual gobierno del Estado de México y de la responsable del poder ejecutivo estatal, Delfina Gómez Álvarez, los habitantes de las colonias populares, amparados en el derecho constitucional que nos asiste y, apegados al marco legal vigente, solicitaremos, con una serie de actividades políticas, nuevamente la atención a nuestras necesidades.






