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Dudas y graves peligros ante el asesinato de don Manuel Serrano Vallejo

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Aquiles Córdova Morán

Antorcha 1194 F6

Después de casi un año por fin, el lunes 8 de septiembre, en conferencia de prensa, el director de la Agencia de Investigación Criminal de la PGR, Tomás Zerón de Lucio, dio oficialmente la noticia del asesinato de don Manuel Serrano Vallejo, padre de la alcaldesa antorchista de Ixtapaluca, Maricela Serrano Hernández.

Zerón de Lucio dijo en síntesis que habían desarticulado una banda de secuestradores que operaba en los municipios de Tultitlán (lugar de residencia de don Manuel Serrano y su familia) y Atenco, en el Estado de México; que el líder de la banda es un tal Jaime Alejandro Juárez Vargas quien, al ser detenido, “señaló un domicilio en la colonia Nexquipáyac, municipio de Atenco… identificada como una casa de seguridad”; que en dicha casa se encontraron tres calabozos ocultos bajo la alfombra del piso que contaban con sistema de ventilación, desagüe y grilletes para encadenar a las víctimas; que en el lugar fueron detenidos Guillermo Mendoza Valdivias, María Isabel Duana Díaz, “un menor de edad” y Vicente Pérez Hernández; que este último sufrió un desmayo al tratar de huir y que murió en “un hospital en el Estado de México”. Zerón de Lucio añadió que Jaime Alejandro Juárez Vargas confesó haber cometido cuatro secuestros, el penúltimo de los cuales es el de don Manuel Serrano; que él escogió personalmente a la víctima “por tratarse de un tío de su segunda esposa” y sabía, por eso, que podía pagar un fuerte rescate, ya que era padre de la Presidenta Municipal de Ixtapaluca. Aseguró Zerón que todas las víctimas “eran vecinos, amigos, familiares o conocidos” del jefe de la banda, y que “en todos estos casos, los secuestradores recibieron el pago del rescate, pero las víctimas fueron asesinadas”.

Independientemente del crédito que merezca esta versión de los hechos, es claro que la misma trata de anticiparse a cualquier duda que pudiera surgir sobre el móvil económico del secuestro de don Manuel. Al asegurar, por un lado, el parentesco de Juárez Vargas con la familia Serrano Hernández y, por otro, que todas sus víctimas “eran vecinos, amigos, familiares o conocidos suyos”, queda “probado” que el secuestro de que hablo encaja perfectamente en el modus operandi de la banda; este mismo modus operandi explica por qué asesinaron a la víctima, puesto que, según la PGR, “en todos los casos, los secuestradores recibieron el pago del rescate, pero las víctimas fueron asesinadas” y don Manuel no fue la excepción; finalmente, el “parentesco” resuelve la duda de por qué se escogió a un humilde vendedor de periódicos para obtener un rescate cuantioso. En síntesis, se trató de un vulgar plagio por dinero y no, ni mucho menos, de un secuestro político, tal como hemos venido sosteniendo los compañeros y familiares de don Manuel Serrano.

Sin embargo, no todas las piezas del puzzle encajan tan perfectamente como sería de desear. Primero, por don Manuel Serrano Vallejo no se pagó ni un solo peso a los plagiarios y, por tanto, no puede ser ésta la explicación de su asesinato; tampoco puede serlo la negativa o la tardanza de la familia en pagar el rescate, puesto que los sicarios, después de tres o cuatro llamadas que más parecían querer intimidar que conseguir dinero, no volvieron a comunicarse. Segundo, la familia Serrano Hernández (que, por cierto, tenía poco o ningún contacto con su “pariente” secuestrador) es, ciertamente, vecina del “jefe de la banda” y sabe bien, por eso, que se trata de una persona de mal vivir y de trasiegos sospechosos en su casa y en su entorno, pero considera casi imposible que sea un “capo poderoso” con gente a sus órdenes y con una costosa infraestructura para esconder a sus víctimas, como dice la PGR. Tercero, saben también de fuente segura (incluso oficial) que el delincuente muerto era el verdadero “jefe”, el encargado de los contactos “con los de más arriba”, y es, por tanto, dicen, una muy desgraciada coincidencia que haya sido precisamente éste el que haya muerto de un infarto en un hospital. Cuarto, desde las primeras entrevistas con funcionarios de alto nivel (15 o 20 días después del secuestro) se les habló de la posible ubicación de los secuestradores y su víctima por el rumbo de Nexquipáyac, según rastreo de las llamadas telefónicas, se les dijo; se les informó, además, desde hace varias semanas, de la identificación por medio de la voz de Jaime Juárez Vargas como uno de los secuestradores y, finalmente, al mismo tiempo que cesaron las llamadas de los plagiarios, por diversas vías se les comenzó a enviar el mensaje de que don Manuel estaba muerto. Todo ello induce a pensar que la autoridades conocían toda la verdad desde hace mucho tiempo y que por alguna razón, válida quizá, la mantuvieron en secreto. La sombra de duda que esto arroja sobre la versión oficial podría comenzar a disiparse con la entrega del cadáver de don Manuel, cosa que hasta hoy no ha sucedido.

A cambio de eso, hay hechos graves que abonan la sospecha. El Lic. Zerón dio su conferencia de prensa el lunes 8 de septiembre a eso de las 6 de la tarde, pero dos horas antes, a las 4, llegó este mensaje al teléfono de Maricela (copio fielmente): “buenas tardes queridos revolucionarios esto aun no termina ni terminara no se si tu mariacela quieras regir (sic) cargando con muertos o te vas de ixtapaluk o los que rigen (sic) es tu supuesto tesorero julio coca y su hijo julio y gustavo y la noviesita que matariamos dos pajaros d un tiro ella tambien es de tu organizion (sic) saida, carlos y su mama dalila y la mama enferma y la machorra d jazmin marisela agarra tus cosas y vete peque (sic) ellos seran los siguientes y sacalos de laS UNIDADES SACA A TU GENTE DE LOS LUGARES DONDE NO TIENEN QUE ESTAR DE HÉROES A LA TAL CHINA DE SAN BUENA A TU SECRETARIO DE JESUS MARIA A LA SAIDA DE PALMAS A MAYER Y COATEPEC A LEONEL Y DE SANTA BARVARA NO VALE LA PENA MUCHA DE TU GENTE ESTA CONMIGO LO VERAS Y GENTE QUE DICE SER DE ANTORCHA SABEMOS TODO DESDE DONDE ESTAN Y DONDE SE METEN Y PIDAMOS POR ESTAS NUEVAS ALMAS”. Hasta aquí el anónimo brutal.

Lo nuevo del engendro es la clara decisión de sus autores de quitarse la máscara y salir a rostro descubierto a insultar, amenazar de muerte y secuestrar, sin que parezca importarles un bledo el inocultable delito en que incurren: “esto aun no termina ni terminara”, dicen en clara referencia al asesinato de don Manuel Serrano, con lo cual confiesan paladinamente su participación en el hecho; “saca a tu gente” (de todo Ixtapaluca, se entiende)… “no vale la pena mucha de tu gente esta conmigo lo veras” ¿Quién puede y necesita hablar así? Evidentemente un “político” resentido que busca recuperar por la violencia asesina el poder que perdió en Ixtapaluca y, por lo mismo, alguien fácilmente identificable y localizable, cosa que él y su grupo deben saber perfectamente pero que no les preocupa, porque se atienen a sus armas y al cobijo de alguien que puede garantizarles impunidad absoluta.

Suma y sigue. A las 8:30 de la noche del mismo día de la conferencia de Zerón fue secuestrada en el pueblo de San Andrés, municipio de Malinalco, Estado de México, la activista Francisca García Romero. Los secuestradores le confesaron que se trató de un error, porque el objetivo era el compañero Juan Pedro Martínez, que hace activismo en Joquicingo y está defendiendo a dos personas inocentes, oriundas de ese lugar, inculpadas absurdamente de secuestro (hablaré de esto en mi próximo artículo). A pesar de ello, retuvieron a la compañera Francisca hasta la madrugada del domingo 14 de septiembre, tiempo durante el cual la torturaron psicológica y físicamente, la ultrajaron, la amenazaron y le aseguraron (y esto es lo relevante para lo que vengo tratando): “Antorcha no sabe de lo que es capaz el gobierno y van a ir cayendo uno por uno”. Al mismo tiempo, por vía telefónica, le soltaron a Carlos Ugalde Sixtos, responsable del antorchismo en Toluca: “Ya les vamos a entregar a esa pinche vieja para que no molesten a mi gobierno. No le hagan al pendejo porque nosotros somos gente del procurador y trabajamos para él. Vamos contra toda la gente de Aquiles Córdova Morán. Ya sabemos que sus oficinas están en la avenida Juárez y los vamos a chingar”. Para que nadie piense que invento esto para enlodar a funcionarios importantes, aclaro que el mensaje fue escuchado y atestiguado por los “negociadores” enviados por la PGR y la Procuraduría estatal. Con esto, pues, las dudas sobre la versión oficial del asesinato de don Manuel Serrano se ahondan y ratifican hasta convertirse casi en certezas. ¿Quién está detrás de tan infames maquinaciones? ¿En qué manos estamos? ¿Nos encaminamos acaso a una versión maquillada de fascismo criollo? Los antorchistas del país deseamos de todo corazón estar equivocados, por el bien de sus miembros todos y de México entero.

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