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El fracaso de Morena a dos años de la cuarta transformación

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Por: Ray Acosta

Vamos a suponer que el presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador ha logrado “algo” en sus dos años en el poder. Yo no lo he visto, pero, supongamos. Ese algo ha sido completamente opacado por una serie de errores estratégicos, contradicciones y actitudes de parte de miembros de su gabinete cuya joya es el tuit de la no-primera dama Beatriz Gutiérrez Müller que se inscribió con letras de oro en la historia reciente del México digital y que opacó el segundo aniversario de la Cuarta Transformación: “No soy médico, a lo mejor usted sí. Ande, ayúdelos”.

Además, si comparamos la expectativa que generó su llegada al poder y el “derrocamiento” de los gobiernos de “antes” contra las promesas incumplidas, su fracaso adquiere dimensiones épicas.

Para llevar el hilo de esta charla recordemos cuatro promesas de la campaña de AMLO:

  1. Dijo que acabaría con la inseguridad.
  2. Dijo que habría crecimiento económico.
  3. Dijo que acabaría con la corrupción; y
  4. Dijo que sería el presidente con más sentido social.

El gobierno de “primero los pobres” se convirtió en uno de los países del mundo que peor manejó la pandemia. Recordemos, López Obrador minimizó la crisis del Covid-19, “el 19 de abril vamos a poder salir de la gravedad”  comentó en la famosa mañanera donde López Gatell le respondió: “más o menos”. México inició la cuarentena dos semanas después que los demás, hasta la fase 3, y la dio por terminada el sábado 30 de mayo con 9 mil 779 muertes y 87 mil 512 casos detectados, antes del 27 de junio, día del pico más alto. El problema es que la emergencia sanitaria continúa, ya rebasamos a España e Italia y el saldo es que provocó muchas muertes de manera innecesaria con esta forma de proceder. Pero no se detiene ahí. Contrastemos esta crisis de salud contra lo que nos prometió en 2018.

En campaña, AMLO se comprometió a establecer: “un sistema de salud de primera. Como en Canadá o como en los países nórdicos”. Sin embargo, la realidad desacredita al presidente “más humanista y con sentido social”: el desabasto de medicamentos en México es más real que nunca, quitar medicinas a niños enfermos de cáncer y regañar a enfermeras y doctores por “no comprar dichas medicinas” con su dinero, es hilarante; crear el Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI), sí, ese mismo que ni siquiera Mario Delgado utiliza pues prefiere el Hospital ACB pagado de nuestros impuestos, es un reflejo del viejo priismo que quiere ponerle su “toque personal” a las instituciones del sexenio, así de simple.

La inseguridad, esa que en campaña nos aseguró que los mexicanos “sentiríamos la diferencia desde el primer día”, es uno de sus fracasos más sonados. Como no funcionó, luego pidió 100 días y nada. Entonces pidió otros seis meses y así se fue el 2019. Este año volvió a pedir otro plazo: “este 1 de diciembre (de 2020) se van a ver resultados”. “Independientemente” del ataque que sufrió Omar García Harfuch, secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, en la misma semana de su informe y de la liberación del hijo del Chapo al que llamó presunto delincuente, los datos son contundentes: En 2012 hubo 60 mil muertes durante los seis años de Felipe Calderón. “Hay una responsabilidad (de Felipe Calderón) porque él es el jefe del ejecutivo” dijo el tabasqueño en entrevista televisiva, pero, siguiendo esa lógica y sin contar los muertos por covid, las 53 mil personas asesinadas en un año y medio hasta hoy son responsabilidad de AMLO y Epigmenio Ibarra no menciona nada, sigue con su disco rayado: Fox-Calderón-Peña, los asesinos de México. Lamentablemente, siguen las mentiras piadosas o datos contradictorios, como quiera llamarles: Francisco Alfonso Durazo Montaño, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana presumió que en mayo disminuyeron las ejecuciones 0.44%, así como el robo de vehículos 22.5%, robo a transeúntes 27.3% y robo a transporte colectivo 43.7%. Esto, a primera vista parece espectacular, sólo que en mayo ¡todos estábamos en casa confinados!, incluidos los amantes de lo ajeno. Vaya “mérito”.

Desde el año 2000, Andrés Manuel López Obrador fue un duro juez de los presidentes Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña nieto, en todos los rubros, incluido “el fracaso de todos ellos en la economía”. Dijo, “la media de crecimiento en 30 años (culpa de las políticas neoliberales) fue de 2% anual”. El 14 de agosto de 2019 en Oaxaca prometió: “crecer a una tasa promedio del 4%, nacional”. Sin embargo, antes de que empezara la pandemia el crecimiento fue de 0.01% lo que López Obrador consideró un “triunfo” pues sus decisiones “evitaron” una recesión, de acuerdo con sus datos “vamos muy bien”.

Arturo Herrera Gutiérrez, Subsecretario de Hacienda y Crédito Público declaró que en abril de este año que la caída de nuestra economía fue del 17%. El Fondo Monetario Internacional (FMI) dijo que para todo 2020 la economía mexicana bajará 10.5%, seremos el país más golpeado de América Latina. La razón: las malas decisiones estratégicas que ha tomado nuestro presidente. Somos de los pocos países en el mundo que no cuenta con un plan de apoyo para la gente y los trabajadores y las pequeñas empresas ante la crisis del Covid-19. Antorcha lo dijo en abril con toda oportunidad: solicitamos un Plan Nacional de Distribución de Alimentos para los más necesitados. La respuesta del presidente en Puebla fue: “no vamos a dar ni un paso atrás, se acabó la corrupción, ¿qué sucedía? que lo que se enviaba a la gente no llegaba, o llegaba incompleto, llegaba con moche, con piquete de ojo”. Durante la pandemia, en lugar de ayudar a la gente, el gobierno ofreció “préstamos” y terminar el confinamiento antes para “reactivar” la economía. Como resultado de esta política 12 millones de mexicanos han sido afectados en sus ingresos y 34 millones tienen necesidad de empleo. Además de anunciar el final de la pandemia, López Obrador también dijo que llegaba el final de la crisis financiera de México: “Ya en julio, no vamos a perder empleos”, declaró. Otra vez, la realidad tiene otros datos.

Finalmente, la joya de la corona: “se va a acabar la corrupción… y vamos también a transparentar los bienes de TODOS los funcionarios públicos”, prometió en campaña y agregó categórico: “quiero que me tapen la boca”. Concedido: Irma Eréndira Sandoval, secretaria de la Función Pública, Zoé Robledo, director del IMSS, Manuel Bartlett y su hijo llegaron como este terco y molesto tapa-bocas. Según John Ackerman y Epigmenio Ibarra TODAS estas denuncias son “fabricadas”, pagadas por los “conservadores”.

En suma, el pez por su propia boca muere. Y por si todo esto no fuera poco, el Aeropuerto-Museo del Mamut de Santa Lucía, Dos Bocas y el Tren Maya, son el ejemplo perfecto de que se ha gastado mucho dinero en todas partes menos donde se necesita: apoyo económico para familias desvalidas y equipos médicos para el personal de salud que enfrenta la pandemia, son los primeros que me vienen a la mente. Nuestro presidente generó una expectativa tal, que el descontento social es igualmente proporcional a la emoción de esos 30 millones de mexicanos que clamaban por un “cambio”. Cada contradicción, cada necesidad, cada error que él defiende como virtud abonan en su contra.

El pueblo de México debe tomar el poder en sus manos y no soltarlo. Los mexicanos, la sociedad civil debe prepararse y gobernar. Está claro que la clase política mexicana no ha estado a la altura de su gente desde la misma Independencia de México. Sólo Benito Juárez y Lázaro Cárdenas pueden rescatarse, los demás, no. El proyecto del Movimiento Antorchista es el más sólido y grande del país, el que tiene más la experiencia y de casos de éxito como los de Tecomatlán, Huitzilan de Serdán, Chimalhuacán e Ixtapaluca y otros cientos de poblaciones donde sin ser gobierno hemos gestionado más que los mismos municipios como el caso de Texcoco. Ante las contradicciones del presidente y los desatinos del pasado, sólo nos queda mirar al futuro: el gobierno del pueblo iluminados por la luz de la Antorcha: el gobierno ciudadano del pueblo para el pueblo. ([email protected])