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Periodistas poetas mexicanos

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Por: Alfonso Lara

Alfonso Lara

El erotismo de Renato Leduc

El 2 de agosto de 1986 (paradójicamente, día de los ángeles), éstos le abrieron el cielo para recibirlo en su parnaso. Aquí, aunque pocos seamos quienes lo conocimos, lo evocamos de manera sencilla en el aniversario 28 de su muerte.

1 Renato Leduc F1

Recuerdo con amenidad aquellas crónicas revolucionarias, las anécdotas taurinas de buen conocedor sobre el tema y su poesía, que evidenciaron su excelso hacer de periodista y poeta. Entre los libros que escribió, existe uno con el que obtuvo el Premio Nacional de Periodismo 1977, libro quizá empastado deliberadamente en color negro y que se llama: Prometeo, la Odisea y Euclidiana. Lógicamente, letra prohibida para los hipócritas puritanos -aunque estos lo mantuvieran escondido en sus oficinas para masturbarse mentalmente-, por su contenido. Y aunque lo escribió con lenguaje llano y de “culto mexicano”; no por eso deja de ser poesía, bien escrita y con la métrica perfecta. A distancia de la aparición de este libro, y esperando que aún no sea tabú el tema, reproduzco la rapsodia 1, de tres, del poema La Odisea; escrito valientemente y con la fiebre y vigorosa rebeldía que siempre tuvo, esperando no cause el mismo impacto que su Prometeo Sifilítico en los inicios de la década de los años veinte. Y sino fuera así, sólo recordémoslo llamando siempre al “pan…, pan y vivo al vino.” Rapsodia I Musa ecuánime y bronca que inspiraste el poema del divino Odiseo y del ponto falaz que me dicte por radio tu voz de trasatlántico algo acerca del mismo viejo lobo de mar… Dime que otro varón que haya tenido madre, llevado espada al cinto y barbas en la faz, fue más afortunado que el hijo de Laertes, gigolo de Calipso, de Circe y de otras más. Qué númen o que hombre conoció tantas tretas; quién probó tan gran copia de coños como él; quién difundió en su patria y a través del planeta tan sabio eclecticismo en cuestión de joder. Maridos desdichados, los númenes felices tuvieron casi todos cornuda la cabeza. Afrodita de oro, mujer del cojo Hefestos, fue impúdica inventora del cine a la francesa. Y Helena y Clitemnestra, nacidas del Cronida y la cerúlea Leda, como un pate-foie-gras, a sus pobres maridos de rancia estirpe atrida hicieron precursores de le menage-a-trois. Solo el prudente Ulises conoció la fortuna de tener a Penélope más de veinte años fiel en tanto que en el ponto vinoso más de una deidad de sexo estrecho suspiraba por él. Y es que tenía una verga como broncíneo dardo, que no se doblegaba ni en el trance más cruel, semejante a la verga del gran Protesilao, desmesuraba como la Torre de Babel… Y poseía también irreprochable lengua, áspera y placentera como lengua de gato, que al presentir un clítoris de inmortal o de hembra vibraba cual campana que tocase a rebato… Por eso en el palacio de altísima techumbre Penélope esperaba más de veinte años fiel, en tanto que en el ponto vinoso más de una deidad de sexo estrecho suspiraba por él. (Fotos de Internet)

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