Inicio Opinion Premios y reconocimientos ¿sólo para darle prestigio a la mentira oficial?

Premios y reconocimientos ¿sólo para darle prestigio a la mentira oficial?

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Aquiles Córdova Morán

Dirigente Nacional del Movimiento Antorchista

El periodista Alejandro Sánchez escribió con fecha 13 de agosto, en “El Heraldo de México”, un artículo que tituló “La Batalla de Aquiles y Antorcha”, que no contiene, literalmente, una sola línea verdadera. Este periodista, según la información disponible, no es un novato ni un aficionado. Ha escrito libros, ha hecho guiones para documentales cinematográficos y ha recibido algún premio internacional. Llama por eso la atención que, en su feroz diatriba en contra mía y de Antorcha, no se haya sentido obligado a exhibir ninguna de sus habilidades lógicas ni de investigador puntilloso de los hechos. Tal vez piense que no lo merecemos, pero eso tampoco habla bien de su profesionalismo.

Sin embargo, yo no me ocupo aquí de él para señalarle su falta de congruencia moral y profesional. Eso es asunto suyo. Lo hago para defenderme de sus groseros descalificativos, sus acusaciones dolosas, sus señalamientos denigrantes sin sustento y las amenazas veladas que nos lanza, mismas que con toda evidencia pusieron en los puntos de su pluma funcionarios poderosos que lo usan como mensajero ad hoc para hacerlas llegar al público y para intimidarnos a nosotros, los directamente afectados. Paso, pues, a hacer mi legítima defensa.

Sánchez comienza afirmando: “Antorcha Campesina era un monstruo del PRI y el presidente López Obrador tiene en la mira a Aquiles Córdova Morán líder del movimiento, que tiene su propio corrido norteño.” De entrada, pues, pareciera que trata de informar que el presidente me “tiene en la mira” por ser la cabeza de un “monstruo” creado por el PRI, por lo que el paso siguiente debería ser la detallada descripción de ese monstruo. Pero en lugar de eso, Sánchez se lanza a hablar del contenido del supuesto corrido hasta el final del párrafo. Al lector deseoso de verdadera información lo deja con la duda: ¿qué clase de monstruo es Antorcha que despierta la furia persecutoria del presidente? ¿En qué consiste la misteriosa naturaleza teratológica que se nos atribuye? Sin el mínimo deseo de ridiculizar, a mí me parece cosa de locos. Ni el más bisoño aficionado  sería capaz de escribir algo tan deshilachado y tan carente de coherencia interna. Todo indica que se busca maniobrar con la carga negativa de la palabra “monstruo” para provocar la repulsa instintiva de las gentes en nuestra contra, y para justificar la persecución prejuiciada del presidente. Eso, en buen romance, no es periodismo; se llama linchamiento mediático.

Por la relevancia que da al “corrido norteño” que supuestamente tengo, parece querer decir que la persecución de López Obrador obedece también a ese corrido, al incienso y al elogio desbocado que echa sobre mí semejante engendro. Yo vería natural la ironía y la sorna a este respecto,  pero no una reacción persecutoria, ni del presidente ni de nadie. ¿En que pueden dañarles las sandeces del posible autor del corrido? La reacción persecutoria solo puede nacer lógicamente de un sentimiento de envidia. ¿Es eso lo que pretende sugerir Alejandro Sánchez al ligar el corrido con la actitud del presidente? ¿Tiene envidia el presidente? Por otra parte, ¿qué tiene que ver el corrido con la teratología de Antorcha? ¿Cómo se relaciona una cosa con la otra? Averígüelo Vargas. A mí solo me toca precisar (otra vez) que esas desmesuras son propias de los tontos y de los dictadores mesiánicos, pero no de un luchador social con 45 años de trayectoria. Tal corrido no existe, y si alguno hay, yo no lo conozco ni nada tengo que ver en él.

En el segundo párrafo, Sánchez recuerda que “el presidente ha nombrado a Antorcha varias veces e insinúa que Córdova se quedaba el dinero que tenía que entregarse a los productores del campo”. Así formulado el asunto, se falsea lo dicho por el presidente. Él no “insinúa”, sino que afirma tajantemente que “la antorcha mundial”, junto con otras organizaciones cuyos nombres tampoco precisa, eran “intermediarias” en el manejo y entrega de ayudas monetarias a la población necesitada, y que, en ese papel, se robaban parte del dinero. A esto le llama reiteradamente “moches” y “piquete de ojos”.

Nosotros (y no solo nosotros, sino varias otras organizaciones acusadas) hemos aclarado que el presidente se equivoca. Que se equivoca redondamente por la sencilla razón de que tales programas nunca se canalizaron a través de ninguna clase de intermediarios. Y le hemos pedido decenas de veces que, si tiene otra información, que la presente ante quien deba o quiera, puesto que el ser presidente no lo exime de probar sus acusaciones. La respuesta ha sido repetir con más énfasis la acusación calumniosa. ¿Qué sentido tiene, pues, o que propósito persigue Alejandro Sánchez, saliendo ahora a mal repetir la misma acusación infundada? ¿No son evidentes sus ganas de hacer zalamerías y carantoñas al poderoso para ganarse su favor?

Cuando el presidente habló de las gasolineras de Antorcha, lo hizo en el contexto de una crítica a los dueños de cientos de expendios de combustible que se quejaban de los cobros excesivos de PEMEX por el transporte del mismo hasta sus tanques de almacenamiento. ¿Por qué no compran sus propias pipas? apostrofó López Obrador; yo acabo de hacer una gira por el sur de Puebla y Guerrero y vi varias gasolineras de Antorcha, todas con sus propias pipas. Es decir, en ese momento, el presidente nos puso como ejemplo frente a los verdaderos gigantes del negocio de los energéticos. Las acusaciones descabelladas sobre venta de huachicol, que también hemos refutado puntualmente en su momento, vinieron después, cuando hubo necesidad de dar alguna base creíble a las acusaciones de corrupción en contra de Antorcha y los antorchistas, tal como lo hace hoy Alejandro Sánchez.

Párrafo tercero: “Antorcha acumula denuncias que nunca prosperaron (¿por qué, señor Savonarola?) por violencia, intimidación, y hasta secuestros y asesinatos”. Nos quedamos todos esperando las pruebas respectivas. Yo llamo la atención de todos los posibles lectores (y de cualquier mexicano de conciencia) a que registre con toda puntualidad esta forma de acusar y de incriminar a un grupo numeroso de mexicanos a los que se pretende negar el derecho a organizarse y a defender sus intereses, por parte de Alejandro Sánchez. Los invito a tomar conciencia de que acusar así, tan rotunda y brutalmente, sin demostrar absolutamente nada, y quedarse el acusador sin ninguna sanción por ello, equivale a dinamitar por la base el edificio del Estado de derecho que hasta hoy, mal que bien, nos protege del abuso y la arbitrariedad de malvados, de poderosos prepotentes y del propio Gobierno del país. Si esto continúa, amigos lectores, piensen que mañana pueden ser ustedes las víctimas, y entonces, quizá ya no haya nadie que quiera o pueda protestar en su defensa.

Sobre las cuentas bancarias de cientos de millones de pesos “descubiertas” por el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera a varios líderes antorchistas, dije y repito  que eso no solo es falso, sino sencillamente ridículo y absurdo. Ningún antorchista, y menos que ninguno yo mismo, puede atesorar tanto dinero, sabiendo como yo sé que las utilidades de nuestras inversiones (modestas y legítimas) a duras penas alcanzan para cubrir lo más esencial de nuestra lucha. En esto, Alejandro Sánchez se refritea sin escrúpulo la nota de EJECENTRAL, de Raymundo Riva Palacio, que ya contesté. Le recomiendo que se informe de mi respuesta.

Párrafo cuarto: Sánchez acusa a los antorchistas de perseguir al presidente “por varios estados para gritarle y hacerle sentir su peso”, y lo explica así: “Aquiles y su movimiento deben sentir la soga al cuello”. Sin probar nada, sin añadir nada y tergiversando incluso las palabras del presidente, Alejandro Sánchez se transforma de fanático Savonarola en despiadado y brutal verdugo para darnos el trato infamante de un condenado a la horca que, con “la soga al cuello”, da patadas de ahogado persiguiendo al indefenso presidente. Más abyección, servilismo y vocación de lustrar botas ajenas con lengua propia son difíciles de imaginar.

La verdad resumida es esta: no somos enemigos de López Obrador ni de su 4aT, cualquier cosa que este nombre críptico signifique. Nos reservamos el derecho de opinar  sobre ambos para cuando haya resultados medibles y tangibles, y así se lo hicimos saber, por escrito y públicamente, al presidente, tan pronto su victoria fue un hecho. Y nadie puede negarlo. Las protestas en legítima defensa que Sánchez llama “persecución”, y nuestros actuales pronunciamientos críticos, son consecuencia de los ataques y acusaciones reiterados y gratuitos del presidente, como lo sabe bien Alejandro Sánchez, puesto que lo dice en el segundo párrafo de su artículo. Pero, adulador como es, lo maneja como perversidad o miedo mortal de nuestra parte.

Quinto y último párrafo: Alejandro Sánchez habla del evento celebratorio inicial de nuestro 45 aniversario en San Luis Potosí; niega que hayamos reunido a más de cien mil potosinos con ese motivo, y critica que yo haya anunciado ahí “la creación de un partido político” asegurando que solo busco “vivir del presupuesto”. Esta es la lógica del necio, orgulloso de su necedad. Se consuela con negar la cifra de cien mil antorchistas, como si eso fuera un problema teórico y no cuestión de contar a la gente en el terreno de los hechos; nos acusa de perseguir al presidente cuando él mismo reseña sus ataques previos y gratuitos; nos llama corruptos por tener recursos propios para nuestra lucha, y nos acusa de querer “vivir del presupuesto” si hablamos de fundar un nuevo partido político. No hay manera de darle gusto a ese señor. Lo dicho: el tonto haciendo gala de su tontería para ganarse el favor de los poderosos.