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Adelantar destapes para la presidencia de México, gran riesgo de pérdida de poder político

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Adelantar destapes para la presidencia de México, gran riesgo de pérdida de poder político

  • Si el gobierno en los tres primeros años no consolidó el proyecto de desarrollo económico y social del país, en el resto del periodo menos
  • Algunos secretarios y altos funcionarios renunciaron a sus puestos por la constante intromisión presidencial

Pascacio Taboada Cortina/ Jorge Martínez Cedillo

La decisión del presidente Andrés Manuel López Obrador de “madrugar” en el destape para sucederlo en la Presidencia de México, a todas luces abrió una “caja de pandora” en el gabinete presidencial. Causó un gran revuelo adelantar los tiempos tradicionales para exhibir –a mitad de su sexenio—las buenas, malas y peores acciones de tres mujeres y cuatro hombres que, de pronto, se ven en medio de una “luminosidad increíble” y, al mismo tiempo, en una “oscuridad intensa” durante los próximos escasos tres años de gestión que le restan al actual gobierno.

Observadores puntuales sobre el desempeño del gabinete de López Obrador              –aunque los incrédulos señalan que ¿cuál gabinete? –en los primeros tres años de gobierno algunos secretarios y altos funcionarios renunciaron a sus puestos por la constante intromisión presidencial en la programación y ejecución del presupuesto público, orientado de manera regular hacia la reducción, y prioridad hacia “proyectos insignia” del presidente. Esto dio al traste con los planes, programas y proyectos de desarrollo del país.

En este contexto, las irregularidades derivadas de un gobierno y un partido nuevo, sin experiencia, y con una ideología diferente a la que había predominado por más de 74 años en el país (con un intermedio de dos periodos de gobierno, a cargo del Partido Acción Nacional) resultaron imposibles para conciliar intereses entre los distintos sectores políticos y económicos, formados y consolidados en los sucesivos gobiernos a partir de 1934, cuando asumió el Poder Ejecutivo el general Lázaro Cárdenas.

Por otra parte, también hay que señalar que la pandemia por Coronavirus, trastoca la actividad económica, política y social de la población del país, con resultados desastrosos que no terminan de minar la salud y la economía de millones de mexicanos. Hay que destacar la lamentable pérdida de vida de más de 250 mil personas por una atención deficiente de los sistemas de salud del gobierno.

De vuelta al tema de los “destapes” que nos ocupa, diremos que, de acuerdo con analistas políticos, los tiempos para desvelar a los prospectos o precandidatos, debían ser hasta pasado el 5° Informe de Gobierno. Eso era así, porque el presidente en turno estaba consciente de que, en el momento en que había candidato, su poder empezaba a declinar, al tiempo que ascendía el del candidato. Entre menos tiempo de exposición, el presidente en funciones aprovechaba para publicitar su obra sexenal.

Había otras reglas que se fueron moldeando al paso del tiempo, pero sin salir del esquema. Una de ellas se acredita a don Fidel Velázquez, quien decía que la política era como una fotografía: “el que se mueve, no sale”. Todos callados y discretos, atendiendo sus tareas encomendadas. Otro elemento que se manejaba, era que, “para ser Papa, hay que ser cardenal”. Se interpretaba que, para aspirar a la Presidencia, era requisito ser secretario de Estado. Nadie más entraba en el juego.

Ahora, de manera totalmente fuera de contexto, el presidente López Obrador anuncia que se está en tiempo de dar nombres de posibles candidatos a la Presidencia de la República. Habló de que en marzo tiene una cita, sin precisar.

En primer plano, mencionó a dos: Claudia Sheimbaun, Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, y Marcelo Ebrard, titular de Relaciones Exteriores. También se refirió al doctor Ramón de la Fuente, Embajador de México en la ONU; a Esteban Moctezuma Barragán, Embajador de México en EEUU; la secretaria de Economía, Tatiana Clouthier, y a la titular de Energía, Rocío Nahle. Y finalmente, Ricardo Monreal Ávila, presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, se mencionó a sí mismo para quedar incluido en las boletas de elección para el próximo periodo presidencial de 2024.

Días después, este anuncio totalmente imprevisto, desató una maraña de comentarios, obviamente en contra de algunos de los señalados, como Marcelo Ebrard, porque, en su calidad de Jefe de Gobierno de la Ciudad de México en su tiempo, fue el que emprendió la obra de construcción de la Línea 12 del Metro. Su relación con el accidente de ese sistema de transporte colectivo en la Estación Olivos en Tláhuac, lo señala entre quienes tienen algún grado de culpabilidad.

También pegó fuerte a la Jefa de Gobierno actual de la CDMX, Claudia Sheimbaun que, en sus tres años de gobierno, no revisó ni ejecutó trabajo alguno respecto de la seguridad no sólo de esa línea, sino del Sistema de Transporte Colectivo Metro, en todas y cada una de sus redes; más lo que se acumule en los tres años que siguen.

Hay varias líneas de conducta importantes sobre el tema de la sucesión presidencial, que trascienden en el tiempo, como los temas de la pandemia y sus secuelas en la economía del país, en el desempleo de más de 7.5 millones de personas; en la reducción del Producto Interno Bruto, hasta del 8.5 por ciento en 2020, y la incorporación a la pobreza de más de 12 millones de mexicanos, con los consecuentes efectos en la desnutrición del pueblo pobre.

Las perspectivas económicas y sociales, de recuperación del crecimiento y el desarrollo social y económico de México, representan retos sumamente importantes como para esperar que la supuesta Cuarta Transformación quede para la historia.