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Inseguridad, extorsiones y gobierno

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Laura Castillo García

Vocera del Movimiento Antorchista en el Estado de México

Antes de pasar al tema semanal, quiero desearles a mis lectores, amigos, compañeros, familiares y en general a todos los mexiquenses y mexicanos, que pasen lo mejor posible estas fiestas de fin de año, que disfruten en paz y armonía los días de descanso en que seguramente estarán acompañados de familiares y amigos.

Muy merecidos son los días de descanso de fin de año a que tienen derecho todos los que diariamente gastan sus músculos, su sangre y su inteligencia con el fin de ganarse unos cuantos pesos para sostener a sus familias. El descanso es merecido no sólo porque los trabajadores –independientemente del área de producción en que se desempeñen– son los que generan la riqueza que hay en el país, sino también porque, por su precaria situación a causa de los insuficientes salarios que reciben, diariamente enfrentan dificultades que se reflejan en la alimentación, la vivienda, el transporte, la educación y la salud.

Es importante que en estos días de asueto y reuniones familiares y con amigos reflexionemos en serio acerca de la paz y armonía que debe haber en el país, y no sólo en las reuniones de fin de año, pues es urgente que nos unamos, nos organicemos y dispongamos a luchar en contra del régimen económico que nos explota y oprime –el capitalismo que evolucionó a neoliberalismo–, que nos mantiene con bajos salarios, sin seguridad social de calidad para que nuestros familiares atiendan su salud dignamente; en casas habitación que generalmente están en malas condiciones, con deplorable educación; por cierto, los recién publicados resultados de la prueba PISA (que mide la capacidad de los alumnos de 15 años para utilizar sus conocimientos y habilidades de lectura, matemáticas y ciencias para afrontar los retos de la vida real), este año dio como resultado que los jóvenes de México retrocedieron 10 años en los conocimientos de matemáticas, español y ciencias).

Es urgente que nos decidamos a organizarnos a fin de construir un partido político que realmente nos represente, que pelee el poder político a los poderosos y una vez ahí, tome medidas serias y reales para garantizarle a los mexicanos un país en paz, armonía, progreso y que combata las enfermedades sociales que tanto daño hacen a los mexicanos: drogadicción, feminicidios, prostitución, inseguridad.

Combatir la inseguridad es muy importante porque, en los tiempos que corren, porque la delincuencia cada vez más tiene aterrados a los habitantes de comunidades enteras, al grado que se ven obligados a tomar medidas extremas como: linchar a los delincuentes que practican el robo a casa habitación o robo callejero, o valientemente se han decidido a enfrentar al mismísimo crimen organizado para poner un alto a la opresión en que los mantienen.

Eso fue lo que sucedió en el municipio de Texcaltitlán, ubicado al sur del Estado de México, en donde, el pasado viernes 8 de diciembre, un grupo de valientes residentes del poblado de Texcapilla, municipio de Texcaltitlán, le paró el alto a presuntos miembros de la conocida organización delictiva conocida como Familia Michoacana.

Los hechos sucedieron la mañana del viernes 8 de diciembre cuando éstos llegaron al pueblo a cobrar las ilegales cuotas que les habían impuesto a los campesinos como derecho de piso por sus cultivos. Las cuotas por derecho de piso eran de 10 mil pesos al año por una hectárea y de 30 mil pesos por tres hectáreas; cuotas absolutamente excesivas en una región que tiene dificultades para sembrar y cosechar.

Durante siete años los campesinos pagaron esas extorsiones sin que el gobierno del Estado de México, ni el anterior encabezado por Alfredo del Mazo Maza ni el actual de la morenista Delfina Gómez Álvarez, haya movido un dedo para evitar tales extorsiones del crimen organizado y brindar a la población un clima pacífico, tranquilo. Dicen los que saben que la policía estatal nunca movió un dedo porque tiene pactos con la delincuencia; sólo ellos saben, pero lo cierto es que nunca dieron garantías de seguridad a la gente, más bien dejaban hacer a los delincuentes, quienes tenían aterrada a la gente.

Hartos de la opresión criminal y de las extorsiones, un valiente grupo de pobladores decidió tomar la justicia por propia mano: el saldo fue de 14 muertos y siete heridos; 11 de los muertos fueron identificados como criminales y 3 civiles.

El hartazgo ante las extorsiones criminales y el abandono en que los tiene el gobierno estatal ha llevado a los pobladores a solicitar armas y chalecos balísticos (mejor conocidos como antibalas) para expulsar de su territorio al crimen organizado.

Y es que no solo eran las extorsiones por “derecho de piso”, las cuales no pudieron pagar este año porque no tuvieron cosecha, sino que la vida cotidiana está afectada por él: los pobladores denuncian que los precios de los alimentos están “por las nubes” porque los “mandamases del pueblo” (se refieren a las cabezas criminales) también extorsionan a los carniceros, a los polleros y a todo productor: así, la gente se ve obligada a comprar un kilo de pollo en 150 pesos, el kilo de huevo (que está marcado con un sello y por eso no dejan entrar a otros vendedores) se lo venden a 50 pesos al igual que el kilo de tortillas. A los campesinos de todo el país siempre les falta dinero para adquirir los productos que necesitan, pero es todavía peor en tierras como Texcaltitlán en donde otros proveedores no pueden entrar a competir con precios más bajos y la gente no puede protestar ni poner denuncias legales por temor a represalias.

Desde hace siete años los campesinos del sur mexiquense sufren esa opresión, ¿a poco no se habían dado cuenta los gobiernos de Del Mazo y de Delfina Gómez? La gobernadora morenista acaba de cumplir cuatro meses en el cargo, pero antes de lo sucedido no hizo nada. Reforzó a la policía municipal e instaló ahí a 600 elementos de la Guardia Nacional y a la Sedena hasta que los pobladores de Tecapilla se enfrentaron a los miembros del crimen organizado. O sea, tapó el pozo luego que se ahogó el niño.

El mexiquense medianamente informado sabe que desde hace tiempo se habla de que los municipios del sur de la entidad están dominados por la Familia Michoacana, la cual mediante el terror tiene sometida a la población. No obstante, lo conocido de la situación, el gobierno de Delfina Gómez no hizo nada para erradicar a esos grupos criminales y proteger a la gente que ahí habita, la cual no va a resolver su situación de inseguridad con una despensa y programas sociales, como están haciendo las autoridades morenistas, como tampoco la va a resolver la instalación ahí de la Guardia Nacional.

El remedio para acabar con este tipo de cosas no es poner policías de la Guardia Nacional en cada pueblo dominado por el crimen o ponerle un policía de resguardo a cada mexiquense. La solución está en la construcción de un partido político que realmente trabaje por los intereses de la población, de la gente de a pie; que trabaje arduamente para dar seguridad y protección a la gente a pesar de los intereses de grupos que tienen el poder económico y político, como son los ricos de este país y los políticos que cuidan sus intereses. La solución, pues, está en manos del pueblo organizado y de nadie más. La solución, pues, está en la formación de un partido político que verdaderamente represente al pueblo y trabaje para él.