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¿NO PASA NADA?

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Laura Castillo García

La pandemia por Covid-19 que hasta el momento ha dejado como saldo: 250 mil mexicanos muertos, entre los que se encuentran más de 600 menores de edad que contrajeron la variante Delta y los más de 20 mil contagios que la secretaría de Salud registra diariamente con la variante Delta, no son elementos suficientes para que el gobierno de López Obrador se decida a atacar el mal con más inteligencia y energía. Por el contrario, está decidido a llevar a cabo acciones tan irresponsables como homicidas, dicen muchos, como es el hecho de obligar a los padres de familia a llevar a sus hijos a tomar clases presenciales a partir del próximo 30 de agosto porque para el señor presidente no pasa nada.

Como diariamente miramos tanto en la prensa y televisión como en redes sociales, miles y miles de maestros y padres de familia se oponen al regreso a clases presenciales, pero sin que esto haga cambiar su decisión a López Obrador, al fin otros miles de maestros y padres aceptan dicha determinación.

Muchos padres de familia llevarán a sus hijos a la escuela porque así lo dice López Obrador; pero, muchos más han manifestado que lo harán porque ya están cansados de tenerlos todo el día en casa, de hacerla de padres y maestros, o bien porque en realidad no pueden cuidar a sus hijos porque ellos, con pandemia o sin pandemia, tienen que salir a trabajar para ganarse la vida.

Como quiera, el gobierno federal está decidido a que el nivel básico (prescolar, primaria y secundaria) regrese a clases presenciales el próximo 30 de agosto, pero ¡con la condición! de que los niños se presenten con una carta de corresponsabilidad firmada por los padres. O sea, el gobierno pone en grave riesgo a los niños al decretar el regreso a clases, pero los padres serán los responsables de que sus hijos se contagien y vivan una grave enfermedad que no tiene otro culpable que el mismísimo gobierno federal, el cual dice que están revisando las condiciones de las escuelas para que el regreso a clases sea seguro.

La frase es bonita y hasta parecería que es contundente si no supiéramos que en el país hay miles de escuelas que no ofrecen las mínimas condiciones de higiene y seguridad toda vez que muchas están destruidas por el abandono de casi año y medio; que en muchísimas de ellas no hay agua potable para que los niños se laven constantemente las manos y que en poco tiempo tampoco gozarán de ella porque el presidente y los diputados federales de Morena recortaron el presupuesto que entregaban a municipios, con lo que podían hacer obras de este tipo, por lo que estos no podrán hacer construcciones de redes de agua potable y, para acabar, que miles de escuelas rurales solo cuentan con uno, o cuando mucho dos salones, en donde toman clases multigrado hasta 50 niños, lo cual impide la sana distancia para evitar contagios y, por tanto, no solo se contagiarán ellos sino que también llevarán el virus a sus casas y contagiarán a sus padres y hermanos.

Esto no es una mentira ni una película de ficción: tanto en los medios de comunicación como por las historias vecinales que han llegado a mis oídos, sabemos que hay familias que han perdido entre dos, tres y hasta 10 miembros por culpa del SARS-Cov-2, ante el cual no han podido hacer nada por falta de seguridad social o recursos financieros suficientes para darles tratamiento médico.

El regreso a clases presenciales no está bien pensado por parte del presidente de la República, ni tampoco está bien planteado toda vez que pretenden que niños y jóvenes regresen a clases en un momento en que la pandemia está en el pico más alto de contagios: dicen los especialistas que, en la primera y segunda olas, una persona enferma contagiaba a otras tres; pero que ahora, con la variante Delta, una sola persona contagia a otras nueve.

Cierto que otros países están regresando a clases presenciales, pero su porcentaje de vacunación es mucho más grande que el de México que apenas alcanza 22% con la pauta completa (las dos dosis) y 40% con una sola dosis que, por cierto, también ya se está manejando que ellos también requieren la segunda.

Más dolor y sufrimiento nos espera a los mexicanos por las desacertadas decisiones del presidente López Obrador y sus seguidistas de la 4T. Pero no hay que caer en depresión, lo mejor es hacer todo lo posible por cuidar a nuestras familias y a nosotros mismos -cierto que no todos lo podremos hacer por la cantidad de dinero que eso implica- y, llegado el momento, mandar al bote de la basura a los responsables de lo que actualmente sucede en México.