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Antorcha: la lanza del destino

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Birzavid González

En 1974 cuando nacía Antorcha Campesina. El país contaba con alrededor de 48 millones de habitantes, la situación y el cinturón de mísera en el México rural era alarmante. El sector campesino sufría mientras en las grandes ciudades se vivía una realidad distinta donde el rezago social del campo era invisible, incluso inexistente. Banrural funcionaba para caciques e intermediarios pero no para los campesinos.

La hambruna, la falta de servicios, escuelas y centros de salud por un lado y el control de grandes latifundios por un puñado de hombres poco progresistas con la complicidad de la aplanadora priista por otro, dictaban el destino y la vida de millones de mexicanos pobres. Definitivamente, las conquistas de la revolución habían quedado en el olvido.

A 45 años de distancia la realidad mexicana no ha cambiado en esencia. Ya no existe la aplanadora del PRI, hoy se le conoce como la aplanadora de la 4T. Diferente nombre, mismos resultados. En la actualidad, el sistema capitalista cobijando; el modelo económico neoliberal, se caracteriza por la concentración voraz de ganancias generadas por los trabajadores en unas cuantas manos, la competencia desmedida en beneficio de algunos y la ruina de otros. Este desequilibrio provoca que la brecha de la desigualdad sea más pronunciada. el saldo final que nos deja el neoliberalismo en México es el siguiente: 52.4 millones viven en condición de miseria, hambre y desolación. 9.4 millones viven en pobreza extrema. 1.9 millones no tiene acceso a un empleo seguro. 56,9% de la población vive en la informalidad (no tiene empleo). La inseguridad aumentó hasta un 41%. 83 millones carecen de lo más elemental para vivir: no cuentan con servicio de drenaje, pavimento, agua potable, electrificaciones y no tienen acceso a la educación o a servicios de salud. Estos son datos emitidos por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en su reporte “10 años de medición de la pobreza México 2008-2018”.

Esta radiografía nos muestra un panorama desolador, que si en datos es espantoso, vivirlo en carne propia es peor aún. Este contexto ha permitido el crecimiento de Antorcha, esa pequeña semilla de 32 mexicanos que iniciaron su camino en la baja mixteca poblana, ahora, en un país de 130 millones de mexicanos de cada 100, uno milita en antorcha y por lo menos tres simpatizan con nuestro movimiento. Antorcha no sólo no desapareció, como pitonizaban los detractores y enemigos, creció y sigue consolidándose con pasos firmes. La muestra está a la vista de todos. Hemos logrado grandes avances en infraestructura, cambios sociales y políticos en municipios como Tecomatlán, Huitzilan de Serdán, o los grandes bastiones del antorchismo en el oriente del Estado de México como lo son Chimalhuacán, Ixtapaluca, además de las diferentes regidurías, delegaciones y Copacis (Consejo de participación ciudadana) que se han conquistado y han cambiado la vida de millones. En otras palabras, materializamos, en obras y servicios, nuestro proyecto de nación.

Recorrer el sendero de la historia para las conquistas sociales no ha sido fácil, la adversidad y el peligro están ahí, bloqueando el camino. Alcanzar el progreso no está cerca, la ruta que hemos de transitar aún es larga y peligrosa, como lo demuestra actualmente el gobierno de la Cuarta transformación que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador quien arremete contra las organizaciones y asociaciones populares. Pero más peligroso aún, su embestida es contra la constitución misma. A esto debemos sumar los recortes presupuestales destinados a caprichos personales al entregar “tarjetitas” como mejoralitos que, más bien, son un instrumento  para la compra de votos y que poco aliviarán la pobreza de los mexicanos. Este recorte presupuestal afectará la obra pública y a generación de empleos directos, lo que sumado a la recesión mundial que viene, marcará el sexenio “del cambio”.

Queda demostrado que  “cuando las masas se mueven a impulsos de la necesidad ciega siempre fracasan y terminan cayendo en una situación de opresión o de retroceso”.

¿Cuál es el panorama que se nos presenta el gobierno de “izquierda” de la Cuarta transformación? Negro. Primero, intentan desaparecer y minar la organización popular y su derecho legítimo de existencia, gestión y petición. Recordemos cómo fue en la aprobación del PEF 2020: 10 mil campesinos, amas de casa, maestros, profesionistas y estudiantes, se apostaron en las puertas de la Cámara de diputados durante 12 días bajo las tremendas inclemencias del tiempo, con la intención de ser escuchados por sus “representantes”. Sí, fueron escuchados pero totalmente ignorados.

Hoy, con un motivo de un aniversario más de la consolidación del Movimiento Antorchista Nacional, y pese a los ataques, seguimos demostrando nuestro vigor, nuestra voluntad de acero. El aplomo que surgió de aquella semilla de la que germinó un movimiento poderoso que enarbola el cambio y mejoría de nuestro país. Después de los coloridos eventos masivos regionales en San Luis potosí, Michoacán, Tijuana, y Puebla, hemos demostrando que los partidos políticos se han equivocado y han perdido el rumbo, hemos demostrado que los antorchistas no hemos tirado ni olvidado la bandera que provocó nuestro nacimiento; erradicar la pobreza cambiando la distribución de la riqueza.

Próximamente, los antorchistas del centro del país daremos una lección contundente de fortaleza este 21 de diciembre. Llenaremos hasta el tope el majestuoso Estadio Azteca, lo llenaremos de voces y colores, sabedores que la historia está de nuestro lado. Finalmente, los cambios sociales no se hacen por encargo ni por prédicas ideológicas; los cambios de fondo se hacen atendiendo las auténticas necesidades de la gente.

Hoy por hoy, después de cuatro décadas, el Movimiento Antorchista Nacional no se ha olvidado de esta tarea: organizar y educar al pueblo para volverse punta de lanza y vanguardia, ¡adelante compañeros! ¡Estamos de fiesta!