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La vida como es…RETRO

De Octavio Raziel

3 Octavio Raziel

Tus bichos se llegaron a recrear

Aquí en mi boca*

El 13 de abril se ha inventado como el Día internacional del beso.

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No soy muy afecto a dar o recibir besos de cortesía, según las costumbres aparecidas los últimos años en nuestro país. Pero reconozco que en la boca son una de las maravillosas formas de expresar nuestro amor.

Resulta que varias instituciones de salud han advertido sobre la peligrosa “enfermedad del beso”, que no es sino la mononucleosis infecciosa que afecta a un altísimo porcentaje de jóvenes de México, Argentina y Brasil. La incubación del virus llamado Epstein-Barr es de 3 y 7 semanas y su eliminación tarda cerca de dos años, después de afectar a las amígdalas y ganglios.

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Pero no paran ahí los riesgos por dar besos en la boca; también pueden contagiar la gripa, escarlatina, herpes, varicela, sarampión, hepatitis tipo B, herpes y parotiditis (paperas) y se ha descubierto que también pudiera contagiarse el Sida por este medio.

Ante este apuro, propongo el uso de condones para lengua y labios; claro que habrá quienes argumenten -como es de suponer- que no es lo mismo.

Te he de seguir amando,

te seguiré besando

aunque me vuelva loca,

hasta que me devuelvas

el corazón que en besos

yo te dejé en la boca

“Mil besos” de Emma Elena Valdemar

Lectura obligada en la juventud era La Divina Comedia, de Dante, que nos llevaba, con Caronte como guía, a un viaje por los inescrutables caminos hacia el Infierno, a través de sus círculos de castigo, según la sentencia dictada por el Supremo. Especial fijación me dejó Francesca da Rimini, que sufría el eterno fuego que abrazaba a su escultural cuerpo y su femenina belleza. El Infierno se lo había ganado después de haberse enamorado de Paolo -su cuñado- que a la vez estaba casado con su hermana. Los amantes leían bajo la sombra de las parras la historia de Lanzarote y Ginebra, y entre párrafo y párrafo se daban apasionados besos. En uno de esos ardientes ósculos, que llega el marido de Panchita, y que creen: pues los mató. A ambos, como era de esperarse.

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Con los años, en una de mis visitas a París tuve la oportunidad de observar a esos amantes plasmados en un monolito de mármol que el cincel de Augusto Rodin esculpió con gran maestría. Si se aprecia con cuidado, el libro que leía la amorosa pareja está integrado a la piedra entre sus manos. La obra, originalmente llevaba el nombre de la casquivana Francesca da Rimini, pero fue cambiado por uno más sencillo: “El Beso” (Le Baiser), título que sigue ostentando.

Los primeros besos que nos dan los hijos, si bien no son recordados por ellos, si quedan grabados para siempre en nuestro disco duro.

Cuántos besos conocemos: desde los apasionados, los robados, los fraternales o paternales, los que fueron colocados en la palma de la mano y enviados con un soplo o los que con los labios fruncidos y un suave tronido lleva el mensaje a la amada.

Quienes disfrutaron las zarzuelas, seguramente recordarán  “La leyenda del Beso”. Antes de alzarse el telón se escuchaba una canción cíngara en la que el cantor expresa amarguras de un constante caminar que alegra sólo el amor de la mujer querida.

Hace tiempo el gobierno panista de Guanajuato alborotó el avispero con la prohibición de que las parejas se besaran en público; en especial en el Callejón del Beso. Su ejemplo lo siguió la estación de ferrocarriles inglesa de Warrington donde fueron colocadas señales que prohíben a las parejas besarse para despedirse pues creaban un caos vial en la zona además de provocar el retraso en algunas corridas.

Los besos apasionados son comunes en la vida de las parejas y, en ocasiones, los llamados de lengüita hacen sonar la campanilla de tal forma que pareciera que la Santa María de catedral fuera movida por ese músculo sin hueso que penetró hasta lo más profundo de la caverna bucal.

*Tus besos se llegaron a recrear

Aquí en mi boca

“Contigo” de Claudio Estrada

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