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Compló educativo

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Octavio Raziel

Los árboles impiden ver el bosque; enormes pantallas ocultan ominosos designios. Fatal compló internacional.

Otra vez, “Las élites de poder” de Charles Wright Mills (1916-1962). Texto que influyó en la juventud de Alberto, junto con “Escucha yanqui” (*) de mismo autor.

Esas élites, escribía en 1951 el sociólogo texano, han quitado a los trabajadores todo pensamiento independiente convirtiéndolos en cuasi-robots, oprimidos pero felices.

El duopolio televisivo mexicano y los medios impresos al servicio de los grupos de poder callan, se colocan una mordaza que esconden la verdad sobre el nuevo orden educativo.

El surgimiento del Estado neoliberal, en la década de los 90’s, incluía considerar a la educación no como una función social sino una carga fiscal. Maniatado por convenios impuestos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, el mundo se vio atrapado en la necesidad de reducir el gasto social y, a la vez, en la exigencia de impulsar una reforma que elevara la calidad de la educación.

México cumple -como lo hace con otros compromisos que le fueron impuestos por el BM y el FMI- con alcanzar la calidad, acceso, igualdad de género, financiamiento, gestión, eficacia, eficiencia y competitividad entre los sistemas escolares. Frente a esos propósitos ha habido una resistencia social constante.

Viendo el lado positivo, este movimiento es una prioridad para el mundo entero, en especial para los países de América Latina, donde aún prevalecen desigualdades e inequidades, criterios sociales y modos de educar que nunca se han integrado al sistema de aprendizaje.

Considera una mayor permeabilidad social de las clases pobres a mejores estratos además de reducir presupuestos del sector público. Son reformas impulsadas por la competitividad como una estrategia de poner a la educación a la altura del proceso de mundialización, incrementando el rendimiento académico de los alumnos y brindarles el aprendizaje de aquellas competencias laborales que les permita incorporarlos como capital humano competitivo al sistema productivo; y finalmente, transformar la función política de la educación como vía de movilidad social.

Queda, sin embargo, el lado obscuro de estos cambios, como son el proporcionar mejor carne de cañón a las élites con sociedades más preparadas; la politización del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación al momento de realizar la calificación de maestros de todos los niveles obligatorios, sin considerar que no pueden tasar como el mismo rasero a maestros de las Lomas o Coyoacán a los de las Sierras Tarahumara, trique, mixe o mixtecas que sufren los rigores de la lluvia, la nieve, el desierto y la presión de caciques o narcos.

En el caso de la autonomía de las escuelas se teme que, al terminar el paternalismo del Estado, los directivos no tengan la capacidad de administrar los planteles o se vuelvan botín de unos cuantos. No falta quien califique este movimiento de “gatopardismo”, esto es, cambiar todo para que todo quede igual. Pero son patadas de ahogado como los pretendidos amparos de algunos maestros.

Los últimos meses abundan en reportes -que no aparecen en la prensa mexicana- de las manifestaciones en contra de esta reforma impuesta por el poder económico neoliberal y que van de Chile, Argentina y Brasil hasta Japón, España, Turquía o Portugal.

En México, las protestas en contra de estas reformas se han contaminado con guerrilleros, provocadores -anarcos- pagados por grupos interesados en negociar cotos de poder, maestros que recibieron la plaza por herencia o por la compra de la misma, “comisionados” del sindicato y otros.

Al final, como todo destino manifiesto, los cambios en el sector educativo en México, como en casi todos los países, se impondrán. La caída del llamado Imperio Americano para mediados del 2014 acelerará la transformación del mundo como lo conocemos.

Mientras, la CNTE ejercerá el único derecho que le queda al ahorcado: patalear.

(*) “Escucha Yanqui: lo que Cuba quiere de ti se expresa en una sola palabra: nada”. (1960,  213 pp. FCE)

 

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