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El coronavirus golpea la palabra

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Carlos Ugalde Sixtos

Los efectos de la pandemia son múltiples y diversos. En algunos países han acercado a pueblo y gobierno. En otros, como es el caso de México, los alejan cada día más. En los primeros el gobierno ha dedicado casi el cien por ciento de su atención y recursos económicos, científicos y de toda índole a combatir, de manera coordinada, la infame pandemia.

En los otros, y ese es nuestro caso desgraciadamente, el gobierno implementa la política del avestruz: hace como si no pasara nada al inicio de la pandemia y después, una vez que la terca realidad le hace reconocer el gravísimo problema, decreta algunas medidas a medias como el “quédate en casa”. A medias, porque es muy fácil dar esa directriz de quedarse en casa, pero y ¿de qué se van a alimentar millones de familias en cuarentena? ¿Sin trabajo? ¿Sin guardadito?

Hace poco menos de un mes que el Movimiento Antorchista le está planteando al Gobierno federal, la necesidad de implementar un programa nacional de alimentos que haga factible el “quédate en casa”. Esto último, a través de las redes sociales, de pequeñas comisiones que han entregado oficios en las instancias correspondientes, desplegados periodísticos, etc. Pero nada, todo ese intento de ser escuchados ha quedado, simple y sencillamente, como un diálogo de sordos. Y no es que las autoridades federales o estatales estén implementando otra solución diferente a la propuesta por el antorchismo, ojalá que así fuera. De ninguna manera, las autoridades federales y estatales están abandonando a su suerte a millones de mexicanos en contingencia. Por omisión están cometiendo el delito de crimen de lesa humanidad.

Los miles de muertos que reconoce el secretario de Salud o los que el New York Times calculó que en realidad tenemos, no obstan para que el primer Mandatario inaugure, en plena pandemia, mega obras que han sido impugnadas por los especialistas. Si, se trata de los caprichos de AMLO, el Tren Maya y La Refinería de Dos Bocas. En fin, como si la pandemia no fuera real.

Por si fuera poco, y haciendo gala de inconsecuencia entre lo que se dice y lo que se hace, el gobierno de la 4T ha tomado la “honorable y digna” bandera de lucha consistente en defender al hijo de Bartlett que, sin indicio alguno de escrúpulos, hizo jugosa “transacción” con unos ventiladores. Hasta estos momentos de desgracia nacional y mundial son aprovechados por gente de cuarta. A eso se refería AMLO cuando dijo que la pandemia le venía a su administración ¿“como anillo al dedo”? O se refería, tal vez, a sacar “raja política”, haciendo realidad sus sueños dictatoriales, al proponer que prácticamente desaparezca el poder legislativo, concentrando así aún más poder que el de por sí ya concentra y acabando, de una vez por todas, con el famoso equilibrio de poderes.

En fin, así es como, ante tanta insensibilidad, tanta falta de humanismo y tanta soberbia y desfachatez del gobierno de la 4T los intentos de que la palabra sirva de puente entre gobernados y gobernantes cada vez se extinguen más y más o, como dijo Tucídides, el historiador ateniense, hablando de la peste que le tocó vivir a él: la epidemia no sólo carcomía los cuerpos, también degradaba las palabras. En manos de AMLO y la 4T está que el gran apoyo popular con el que llegaron al poder, hace poco más de 15 meses, no se siga carcomiendo y degradando.