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El pueblo de México merece dignidad en la democracia y un gobierno congruente

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César Adrián Rodríguez Mosco

Con la llegada de Morena, encabezada por López Obrador al poder político en tres niveles de gobierno: federal, estatal y local; además de la mayoría legislativa que mantienen en las cámaras de diputados y senadores, se nota que hay una mayoría abrumadora en cargos clave para la toma de decisiones del rumbo que lleva México, sin embargo, se vislumbra la falta de contrapesos del ejecutivo porque todo lo que propone se aprueba en el legislativo sin que se le cambie un punto o una coma, demostrando de esta manera la vulnerabilidad de una democracia que falla en la inclusión de las expresiones que no están de acuerdo con el mismo Presidente de la República.

Ante esta situación es una gran responsabilidad hacer un álgido análisis del equilibrio de poderes y sus contrapesos en nuestro país.

Se dice que en una “antidemocracia” existe el concepto conocido como “instrumentación del hombre”, que consiste en la forma que utiliza un líder su mando para llegar a sus objetivos a corto plazo, sin importarle el sentir que surja por sus acciones entre sus gobernados, votantes que confiaron en él, los que simplemente no lo eligieron o que se abstuvieron. De acuerdo con este concepto quienes se ostentan como representantes de gobiernos cuando logran el poder político lo controlan de tal forma que llegan a considerarlo como su propiedad privada, de uso exclusivo, sin tomar en cuenta para nada la voluntad de los ciudadanos.

Lo que hoy observamos en México es un centralismo del poder, ese poder que recae en una sola persona como López Obrador, que parece absoluto, arbitrario y antidemocrático porque tiene como una de sus características esenciales el menosprecio total de las opiniones de sus cercanos, incluso de los que no están de acuerdo con su forma de llevar las riendas del país; hay una visible negación del derecho y la capacidad de las personas a tomar decisiones y actuar por sí mismas, se busca agonizar con la libre manifestación y organización. El poder arbitrario da por descartado que lo que es bueno para él es bueno para todos y que se le debe servir por completo. En pocas palabras, el poder absoluto niega por principio el derecho a disentir, a la oposición.

De aquí se deduce, por tanto, que la democracia, si es verdadera, si es genuina, tiene que comenzar su lucha, su autoconstrucción, por la tarea de despertar en los oprimidos la consciencia de su dignidad, de su valer personal; la consciencia de que toda obediencia ciega, todo sentimiento a la instrumentalización, venga de donde venga, de izquierdas, de centros o derechas, es una ofensa gravísima a la capacidad de pensar; obrar por sí misma y una prueba segura de que, quien obra de esa manera es un farsante, es un enemigo de la verdadera y auténtica democracia, aunque afirme y jure lo contrario en su campaña proselitista, usando frases como “primero los pobres”, pero en los hechos, ya en el poder, imponiéndose ante la Cámara de Diputados para que se apruebe un Presupuesto de Egresos de la Federación 2020, exclusivo para los programas sociales que impulsa pero que en realidad serán una herramienta clientelar para la compra de voluntades rumbo al proceso electoral de 2021 y hegemonizarse en el poder.

Como diría uno de los auténticos líderes sociales de México, “los verdaderos luchadores por la democracia tienen que esforzarse por despertar en la gente el pensamiento vivo, creador y rebelde, por hacer consciente a la gente de su valor, de sus capacidades, de su decoro y dignidad de seres humanos. Sólo de esta manera se logrará construir un movimiento hecho con gente consciente, realmente participativa y realmente defensora de sus propios intereses e ideales”, palabras del Ing. Aquiles Córdova Morán.

El llamado caudillismo, del que tanto se renegó por años pero que tanto se practica actualmente en el partido “Morena”, es una farsa ante la gente: el caudillo incapacita a la masa de su propio valor, inteligencia e iniciativa, porque ahora todo lo soluciona un individuo “iluminado” con su barita mágica del poder absoluto. El pueblo se queda como adorno, como aplaudidor de los logros del “ser superior”. Por eso insisto que sin la dignidad no habrá una democracia genuina.

Va llegando la hora de que el pueblo mexicano ejerza su dignidad en la democracia, y debe luchar incasablemente hasta que su voz sea escuchada: que quienes lleguen a los puestos de dirección del Estado sean verdaderos representantes populares que luchen por erradicar la injusta distribución de la riqueza social, que no sean impuestos por el presidente o sus incondicionales, que sí sean personas profesionales que trabajen con nacionalismo, con una visión de futuro para el beneficio común de todos. Esa es la meta del Movimiento Antorchista Nacional para México y que en este 2019 está dando a conocer el proyecto de nación que propone por todo el país con los eventos multitudinarios para festejar los 45 años del origen de este movimiento social, que en las palabras y en los hechos, demuestra congruencia política en los cuadros que está formando… El tiempo lo dirá todo. (Imagen de portada tomada de la Internet: tribunodelpueblo)