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En fallecidos rompemos record

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Por: Carlos Ugalde Sixtos

En épocas pasadas era muy difícil demostrar que los medios masivos de comunicación silenciaban o minimizaban algún acontecimiento que por alguna razón política no le convenía al Estado informar de manera objetiva.

Hasta antes de que el Movimiento Antorchista empezara a tener una membresía significativa (en 1990 llenamos por primera vez el zócalo de la ciudad de México), realmente era contada con los dedos de una mano la gente que podía decir: “yo estuve ahí y no éramos los que dicen los medios, sino que éramos diez veces más”. En esos tiempos se le tenía fe ciega a lo que decían los periódicos, la radio o la televisión. Incluso, cuando había controversia acerca de alguna información, la balanza se inclinaba de plano con el que llegaba a decir “pero es que yo lo vi en 24 horas con Jacobo Zabludovsky”, y con eso bastaba para desarmar a sus contrincantes. En fin, la prensa mexicana, no toda pues hay sus excepciones, siempre se ha inclinado a dar a la opinión pública lo que al gobierno le conviene. Para muestra baste un botón: la estigmatización de Antorcha Campesina como un grupo paramilitar y brazo armado del PRI queda como anillo al dedo del manejo periodístico al que me estoy refiriendo.

Sin embargo, este fetiche en el que se habían convertido los medios de comunicación en cuanto a fuente de verdades irrefutables e indiscutibles o como diría José Revueltas, esta fuente de enajenación sin contrapeso crítico, tenía que empezar a tambalearse tarde o temprano. Tuvieron que pasar varias décadas pero al fin llegó la época en que el pueblo ya no se traga el paquete completo tal y cual se lo quieren vender los medios de comunicación. En efecto, desde que el Movimiento Antorchista llenó el zócalo con 63 mil almas y todos y cada uno de esos 63 mil nos sorprendimos cuando vimos en el noticiario de la noche que no habíamos sido más que 20 mil y que para los periódicos del día siguiente no habíamos sido mas que entre 14 a 20 mil personas, el fetiche empezó a desvanecerse incluso entre los que más lo adoraban. Pero el despertar era muy limitado, ya que solo estaba progresando en las filas antorchistas. El salto cualitativo realmente vino con el internet y las “benditas redes sociales”, como dijo AMLO, cuando reconoció que gracias a ellas había triunfado en la contienda electoral del 2018. Y aunque las redes sociales tampoco se salvan de la censura y la represión, por su naturaleza se prestan mas para la denuncia.

Hoy en día gracias a las redes sociales, todos los mexicanos que quieren estar enterados, saben que el Gobierno de México es uno de los que, en el mundo, aplica menos test para detectar a infectados por Covid 19 y que por esta sencilla razón el número de positivos es insignificante a comparación del que saldrían si se aplicaran, no a todos, pero sí a un porcentaje mucho mayor de individuos. En los últimos días ha habido una gran polémica hasta entre matemáticos mexicanos y extranjeros sobre si la lista que se tiene con nombre y apellidos se debe multiplicar por ocho o por treinta según el modelo matemático “centinela”. Por otra parte el gobierno federal insiste en que “ya se está aplanando la curva”, cuando casi a diario vemos que se supera el número de muertos del día anterior. Ante esta contradicción flagrante, lo que trascendió después de la mañanera del 27 de mayo, dice así: “Lo que nos explicó Hugo López-Gatell es que tiene que ver con los registros, hay varias entidades de la República que no registraron a tiempo y entonces hay una actualización que se hizo el día de hoy y por eso brincó un acumulado, tiene que ver con los requisitos que en los estados se han venido actualizando y por eso se juntó tanto el día de hoy”. Diría AMLO: que se lo crea su abuelita. Lo cierto es que hoy mismo superamos los 500 muertos por Covid 19 en un solo día, ¡qué desastre!

Pero el presidente repite lenta pero incansablemente que ya salimos de la pandemia, que casi no la sentimos y planea regresar a la nueva normalidad en las próximas semanas. Tal irresponsabilidad no se la perdonará el pueblo trabajador. Que conste.