Inicio Tu Espacio Mártires del 18 de agosto del año 2000

Mártires del 18 de agosto del año 2000

667
0
  • ¡Nos duele su ausencia pero sus ideales nos mantienen de pie!

 Por: Laura Castillo García

A diez y seis años de distancia, y frente al cansancio momentáneo que casi en todas partes se manifiesta al cabo de varios años de lucha -como dijera el gran pensador alemán, Federico Engels-, es oportuno recordar a los hombres y mujeres del pueblo que perdieron la vida en defensa del gobierno del pueblo que tomaría posesión en nuestro querido municipio, Chimalhuacán, el 18 de agosto del año 2000.

A través de esta modesta publicación les rendimos homenaje a todos y cada uno de ellos y les decimos: camaradas, estamos cumpliendo, gracias a su sacrificio por defender al gobierno del pueblo, Chimalhuacán tiene el mejor gobierno de su historia porque es del pueblo y para el pueblo.

Siempre estarán en la mente de los chimalhuacanos, y de los militantes de las organizaciones del Proyecto Nuevo Chimalhuacán, porque dieron lo más preciado que tiene el ser humano, que es la vida, para que los chimalhuacanos vivieran mejor y para que ahora un gobierno del pueblo sea ejemplo de desarrollo y combatividad en todo México.

¡Salud, camaradas!

José Guadalupe Martínez García, “Lupillo”

José Guadalupe Martínez García, conocido cariñosamente como “Lupillo”, en 1992 se adhirió a las filas del Movimiento Antorchista porque su condición humilde, de gente del pueblo, lo identificó con la organización de los pobres de México.

Lupillo, nació el 24 de diciembre de 1969 en Maravatío, Michoacán. Estudió en la escuela primaria Nicolás Bravo, la secundaria 18 de marzo y formó parte de la primera generación del Colegio de Bachilleres No. 30 de Maravatío (1988-91). Su maestra, la bióloga Mercedes Montes, recuerda que “fue hijo de gente muy humilde: para sostener a sus hijos, su madre lavaba ajeno, limpiaba casas o vendía dulces porque su esposo la abandonó”.

Se adhirió al antorchismo en el año de 1992, en la colonia Victoria; ahí vivía con su madre pero como el asentamiento no tenía servicios urbanos, encabezó las gestiones para que el gobierno municipal los instalara. Al poco tiempo demostró no sólo sus cualidades de hombre noble que deseaba un mejor futuro para su familia y México entero, sino también sus dotes de líder popular pues ante cualquier adversidad “buscaba alternativas de solución, como lo hace el pueblo pobre que tiene que ingeniárselas para salir adelante”, recordó evidentemente conmovido su compañero de lucha, Sabás Franco, también michoacano, quien, hombro con hombro con Lupillo, resistiera la embestida asesina de Guadalupe Buendía, “La Loba”, de la que sobrevivió.

“Un hombre combativo, inteligente y con mucha fe en el futuro del antorchismo”

Así lo recuerda quien fuera su dirigente en el entonces Distrito Federal, Estanislao López López, pues los tres últimos años de su vida luchó al lado de los capitalinos más pobres: “él hacía trabajo en el predio Zaragoza (ubicado en la delegación Iztapalapa), donde la gente vivía en casas de cartón y lámina, sin servicios, por lo que los encabezó en la lucha por vivienda digna”.

Fiel a su convicción de que debía ir a donde su organización requiriera de su trabajo, en 1996 Lupillo llegó al municipio de Simojovel, Chiapas, a apoyar a los antorchistas víctimas de agresiones en la colonia El Refugio. “Ahí lo conocí, era un hombre serio y responsable”, recuerda el dirigente del antorchismo de Chimalhuacán, Telésforo García Carreón. Posteriormente, en 1997, llegó a la Ciudad de México también para fortalecer a los antorchistas capitalinos víctimas de golpes, cárcel y persecución por parte del gobierno del Partido de la Revolución Democrática (PRD) que entonces encabezaba Rosario Robles Berlanga. Las necesidades de la lucha lo convencieron de formar parte del antorchismo capitalino de donde salió a celebrar, el 18 de agosto del año 2000,  la toma de posesión del primer alcalde antorchista en la demarcación.

“Lupillo era muy combativo, entusiasta, inteligente y de reacciones rápidas… además de que tenía mucho carisma”, recuerda López López. Por eso, agregó, era “muy estimado por el antorchismo de la Ciudad de México y en especial por los compañeros de Iztapalapa”.

“Tuve la oportunidad de estar con él una noche antes del funesto 18 de agosto de 2000, porque me invitó a participar en una reunión con los compañeros antorchistas del predio Zaragoza… no sé si la muerte se presiente, pero platicamos muchas horas; me llamó mucho la atención que cuando nos despedimos, alrededor de las 12:30 hrs. de la madrugada, me dio un abrazo muy prolongado y fraterno, como si no fuéramos a volvernos a ver.”

Buscaba solución a cualquier problema

Para ayudar a su madre, Lupillo trabajó en el mercado desde niño: “recogía basura, cargaba bolsas o hacía trabajos pesados mal pagados”, asegura la bióloga.

Eso lo marcó para toda su vida: “siempre buscaba soluciones, tenía la característica del pueblo trabajador que siempre encuentra alternativas a los problemas”, recuerda con cariño Sabás Franco, ahora miembro del comité estatal antorchista de Aguascalientes.

“Lo conocí la noche que viajamos de Morelia a la Ciudad de México, recuerda Sabás Franco, porque ambos fuimos a reforzar a los compañeros que eran perseguidos por los perredistas. Iba muy convencido de trabajar en contra de la represión perredista porque estaba muy enterado de lo que sucedía en México y él quería un mejor país. Toda la noche platicamos y en México nos tocó trabajar juntos: era muy sencillo, alegre, no se quejaba del trabajo ni de nada; siempre estaba pendiente de que comiéramos, si no podíamos llegar a casa a hacerlo, él llevaba comida para todos; si nos cansábamos o nos poníamos tristes, él siempre tenía una palabra de aliento y nos ayudaba en el trabajo porque era un líder nato, siempre buscaba que todo el equipo cumpliera con su tarea y tuviera resultados”.

Por un tiempo, los dos amigos convivían poco porque a Sabas lo asignaron al trabajo de Tlahuac y a Lupillo a Iztapalapa. “Nos volvimos a ver el 18 de agosto del año 2000 en Chimalhuacán; íbamos a festejar el triunfo electoral del pueblo pero no habíamos desayunado y fuimos a comer unos tacos de canasta… en broma, riendo, dijo: si vamos a morir que sea con la panza llena…” Se le quiebra la voz al revivir lo sucedido.

“Pocos minutos antes de la agresión coincidimos en que nadie nos podía hacer nada porque éramos muchos…, la plaza estaba llena, nunca nos imaginamos que nos fueran a atacar…, de repente escuchamos cohetones y empezaron los balazos y la lluvia de piedras.

“Nosotros no llevábamos nada, nada…, mutuamente nos cubríamos…, ayudamos a la gente a replegarse, a meterse al mercado para protegerse, dimos preferencia a mujeres, a niños, a gente de la tercera edad…, nos aventaban piedras, nos disparaban pero nos movíamos rápido para ayudar a la gente. Lupillo iba y venía… así lo vi la última vez, así lo recuerdo…” Y las lágrimas no dejaban de salir.

A Sabás lo impactó una piedra en la nunca y ya no supo más de sí ni de Lupillo. Un helicóptero del Gobierno del Estado de México recogió con vida a un herido grave que estaba tirado en el jardín municipal de Chimalhuacán; pero el cuerpo de Lupillo no resistió las heridas que le causaron tres balas asesinas, por lo que perdió la vida en el aire.