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Un día en el plantón

Crónica de Berenice Moreno Gómez

¿Has visto la desolación en su mirada?, ¿has escuchado sus pláticas de madrugada?, ¿sabes lo que para ellos es dormir sobre la banqueta, tener hambre, sed y frío?

La obscuridad de la noche permea en el campamento; hombres y mujeres disfrutan de diversos cuadros culturales y sus miradas permanecen atentas a cada ejecución como si por medio de ello se transportarán a sus hogares donde han dejado hijos, hermanos y esposos.

Poco a poco la luz del día se hace tenue, el canto de los pájaros arrulla a quienes el cansancio y la fatiga han vencido. Las lámparas apenas pueden iluminar escasos metros, la noche ha cubierto, con su manto obscuro, las avenidas.

Lonas y cartones se han improvisado para fungir como refugio, y es ahí donde el frío de la mañana cala hondo, hace tiritar, impide conciliar el sueño y obliga a levantarse no importando el horario; quizá afuera el calor humano contribuya a sentirse menos solo, cansado, frustrado, decepcionado.

Pequeños grupos se juntan para charlar. Sus historias versan sobre lo incómodo que resulta estar dormitando sobre el asfalto, los días que han pasado en el campamento, las anécdotas que contarán a sus familias al llegar a casa. Añoran la luz del sol para que caliente sus cansados huesos.

Los minutos se tornan cada vez más pesados; pasan lentos debilitando las historias, ya no hay de qué hablar. El campesino, maestro, alumno, comerciante u obrero, se encuentran cansados y prefieren imaginarse entre los suyos. Sus pensamientos son interrumpidos por la música; llamado matutino que indica que el desayuno a base de café negro y pan se acerca.

El olor a café recién hervido, obliga a dejar sus lugares para tomar la fila y esperar con ansias que el turno llegue. Ojos cansados y miradas perdidas se saludan con una sonrisa de desgano, pero fraterna al fin.

El alba ha comenzado, es momento de emprender el viaje; ubicarse en el sitio más cómodo para ver pasar el día esperando que los legisladores no permitan que se vayan de regreso a sus lugares de origen sin haber conseguido los apoyos que demandan por ser de primera necesidad, están dispuestos a no desistir y aunque pase otro día más, volverán a luchar.

El campamento rompe con el equilibrio monótono de la cuidad; transeúntes y automovilistas se detienen por unos instantes a observar o tomarse la foto cuestionando ¿quiénes son, qué hacen en ese lugar? Entonces, el grito de hermandad se hace escuchar “somos  antorchistas y luchamos por mejorar nuestro presente”.

Los ciudadanos se encuentran en plantón frente a la Cámara de Diputados exigiendo a los senadores que no se apruebe la reducción al Presupuesto de Egresos de la Federación 2020. Acciones que, de aprobarse, lastimarían sus ya raídos bolsillos. Por ello prefieren permanecer recostados en el asfalto por unos días, a permitir que la miseria se apodere de sus hogares.

Si no has visto la desolación en su mirada, escuchado sus pláticas de madrugada y no conoces lo que es dormir sobre la banqueta teniendo, sed y frío; no deberías criticar su lucha.

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