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Gobierno populista que elimina programas sociales y perjudica a los más necesitados

Telésforo García Carreón

Dirigente del Movimiento Antorchista de Chimalhuacán

La mayoría de los mexicanos pensaba que el nuevo gobierno de la República, encabezado por el licenciado Andrés Manuel López Obrador, iba a fortalecer los programas sociales dándoles un carácter universal; es decir, hacer que llegaran a toda la población necesitada, pero la realidad ha sido completamente diferente: el presidente y su gabinete se han dedicado a desmantelar los programas sociales que impulsaron gobiernos anteriores de varios sexenios, no solo del inmediato anterior.

Así, hemos visto desaparecer el programa “Prospera” (antes llamado “Oportunidades” “Progresa” o “Solidaridad”), que apoya la educación de millones de niños y jóvenes de los más humildes del país; el “Seguro Popular” que proporcionaba atención médica a los mexicanos que no gozaban de Seguro Social o ISSSTE; las “estancias infantiles” que cuidaban a niños de las madres trabajadoras; los “comedores comunitarios” que proporcionaban desayunos y comidas a precios muy accesibles.

En Chimalhuacán Estado de México, la desaparición de esos programas ha perjudicado de la siguiente manera:

Prospera. Gracias a las gestiones de sus autoridades y representantes populares, Chimalhuacán recibía apoyo para 44 mil familias; dicha cantidad se justificó plenamente porque, de acuerdo con el CONEVAL, el 67% de la población de este municipio está en condiciones de pobreza. No obstante, dicho apoyo se suspendió desde diciembre y aún no se ha reiniciado, con lo que se dejó a esas 44 mil familias sin ningún apoyo.

Seguro Popular. A este programa estaban afiliadas 350 mil personas; ahora esa enorme cantidad se quedó sin acceso a los servicios básicos de salud y ahora las mujeres embarazadas más pobres deben pagar un costo de entre 15 y 20 mil pesos por un parto.

Asimismo, el gobierno del licendiado Andrés Manuel López Obrador retiró el apoyo a 34 estancias infantiles y a 40 Comedores Comunitarios.

Estos hechos que describo para Chimalhuacán valen para todo el estado y para todo el país porque lo mismo está sucediendo. Todas estas medidas adoptadas y ejecutadas por el gobierno de AMLO, de ninguna manera ayudan a los mexicanos más humildes y necesitados, muy por el contrario, los perjudica gravemente.

Y todo esto ocurre con el gobierno de un presidente que se dice defensor de los pobres, enemigo de la mafia del poder, de los potentados, etc., pero ¡quitar el programa Prospera a 44 mil familias! ¡Dejar sin Seguro Popular a 350 mil habitantes de Chimalhuacán! Es de gobiernos neoliberales, pero ahora estamos viendo que eso es lo que está haciendo el populista de López Obrador, algo que ni los gobiernos de derecha se atrevieron a hacer. Así, no está favoreciendo a los pobres.

La actuación del presidente de la República, nos recuerda mucho a la actuación del rico Juan Haldudo en el Quijote de la Mancha, cuando éste salió de la venta de regreso a su aldea (Capitulo IV, pg. 48-51, edición conmemorativa IV centenario, Alfaguara). En ese capítulo, Miguel de Cervantes Saavedra narra que Juan Haldudo el rico estaba dándole  azotes al pastor Andresillo con el pretexto de que no cuidaba bien a sus ovejas, El Quijote le ordenó que dejara de azotarlo, lo desatara de una encina donde estaba atado y le pagara su sueldo, todo eso juró hacer Juan Haldudo, y don Quijote muy satisfecho de cuán fácil se le presentaba su primera aventura y muy contento de desfacer entuertos, se retiró a su aldea; fue entonces cuando sintiéndose solo Juan Haldudo, el rico, con Andresillo, le dijo: “pero por lo mucho que os quiero, quiero acrecentar la deuda, por acrecentar la paga”. Y, asiéndole del brazo, le torno a atar a la encina, donde le dio tantos azotes, que le dejó por muerto”. Así está el presidente con sus programas sociales los cuales suspende por meses, los entrega a cuenta gotas de manera absolutamente clientelar y, sin ningún rubor, los activistas de Morena, convertidos en “siervos” de la nación (para ofensa del generalísimo José María Morelos y Pavón), censan arbitrariamente a quien ellos quieren.

El presidente López Obrador quiere borrar toda huella de los sexenios anteriores, y ciertamente hubo muchas cosas graves y perjudiciales para nuestro pueblo: la escalada de violencia, la corrupción, el enriquecimiento ilícito de funcionarios y empresarios a costa del presupuesto público, pero ¿es que estos fenómenos han desaparecido en el actual gobierno? Claro que no: la violencia y los homicidios han aumentado aunque López Obrador diga que él tiene otros datos. La opacidad en las asignación de obras aumenta escandalosamente y las preferencias y canonjías para nuevos grupos de empresarios han salido a relucir.

La historia tiene leyes y esas leyes establecen que no se pude ni se debe borrar complentamente el pasado por nefando que haya sido. Allí tenemos, por ejemplo, la Edad Antigua con la esclavización de miles de seres humanos, con la falta de derechos al grado de considerarlos solo instrumentos parlantes. Pero la Edad Antigua nos legó los poemas épicos de Homero, La Ilíada, La Odisea, la Teogonía de Hesíodo, la tragedia griega de Sófocles, Esquilo y Eurípides; la arquitectura, la escultura, la filosofía de Heráclito, Demócrito y Aristóteles, entre otros. La Edad Media con todo su obscurantismo nos dejó los monasterios, los castillos y ciertas conductas que aun perduran.

Así operan las leyes dialécticas del desarrollo histórico. ¿Sabrá algo de esto nuestro presidente? Me temo que no.

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